martes 9 de septiembre de 2008

Fidelidad


Es mi perro, se llama Ron. He querido que sea él quien cierre este blog que ha navegado de forma intermitente durante meses. Se merece la última entrada, y que su imagen ponga punto y final a las entradas que se han ido sucediendo durante este tiempo. Ron es un Golden Retriever con una planta espectacular, como puede verse, pero todo lo que tiene de estupendo lo tiene de compañero fiel. Lo ha sido durante años, y lo seguirá siendo. Hace tiempo que hicimos un pacto entre caballeros, ninguno de los dos fallaría al otro; yo he intentado cumplirlo, Ron lo ha cumplido siempre. De manera que así estamos, aguantándonos el uno al otro, soportándonos y divirtiéndonos cuando se presenta la ocasión. En realidad Ron se merece mucho más que ponga su foto en un blog, pero él ya me entiende, nunca hemos necesitado palabras para entendernos, aunque Ron normalmente soporta largas parrafadas por mi parte, que afortunadamente no logra descifrar…

Argumentum finaliza de manera definitiva, eso espero, retomarlo significaría volver a masticar temas de los que estoy ya demasiado cansado; todo quedó dicho en aquellas entradas –Idus de Marzo- que realicé durante la pasada campaña electoral. De manera que no hay por qué repetirlo. Quizá siga escribiendo algo al respecto en Status Civitatis, pero la política es un tema que me desazona, y que intento olvidar refugiándome en fortalezas que intento construir. No es una actitud derrotista, yo no me rindo, pero he decidido pelear solo.

“Fortalezas que intento construir…”. Finiquitado queda Números Perfectos, a partir de el pretendo construir mi fortaleza, un golem u homúnculo al que intento torpemente dar forma, no sé con qué intención, pero que constituye un paciente (y a veces penoso) trabajo en solitario que de momento tiene un solo lector, corrector y comentador; yo mismo.

Dejo como contacto algo que acaba de (re)nacer, porque nuevos tiempos exigen nuevas ropas, aunque sean gastadas y extrañas:

El Bucle

La fidelidad. Es un concepto complejo… o no. Cualquiera (cualquiera que tenga o haya tenido un perro) me entenderá si digo que a veces es posible cifrarlo en un puñado de gestos: penetrantes miradas de ojos negros que sólo exigen algo de atención y una caricia, silencios compartidos y mutuos que no necesitan de nada más…

Siempre me gustó esta foto de Galdós con, supongo, su último perro. Hay tanto en ese gesto de Galdós, en esa mano ya ahíta acariciando a ese perrazo que permanece a su lado, porque sí, porque hay entre ambos un vínculo difícil de explicar.

Hay tanto en ese gesto que no merece la pena gastar palabras en él. Fidelidad mutua.

Gracias a los que han prestado algo de atención a este blog, quienquiera que sea. No la mereció. Arriba queda mi nueva dirección.

Gracias, y adiós.

martes 13 de mayo de 2008

El Congreso de Syldavia (1)

Los Hombres Grises

Pirx. Enviado especial a Klow

Nada parece indicar que en esta luminosa ciudad del Mediterráneo vaya a producirse un acontecimiento que marcará el curso político de los próximos cuatro años y puede que de las próximas legislaturas. Klow, capital de la región autónoma de Syldavia, amanece en calma, los silenciosos turistas japoneses son los primeros en tomar las calles, a medida que avanza el día van apareciendo los demás: enrojecidos británicos, animosos alemanes, estirados franceses, escandalosos rusos… al mediodía el centro de Klow es un abigarrado mosaico de lenguas donde los propios syldavos parecen minoría. Es sólo el comienzo, a medida que avance el verano hordas de turistas invadirán las calles de Klow, coincidiendo con la celebración del Gran Premio de Europa de Fórmula 1 en Agosto. Pero a los habitantes de Klow les encanta todo esto, la algarabía, el exceso, prolongar la noche en alucinógenas fiestas felinianas… y por supuesto los grandes acontecimientos mediáticos que, por alguna extraña razón, los syldavos pagan gustosamente de su propio bolsillo sea cual sea el importe de la factura. Pero no estoy aquí para escribir ninguna guía de viajes, cosa que no me importaría hacer, sino para dar cuenta del congreso del PP que se celebrará aquí, en Klow, el próximo 20 de Junio.

Celebrar un congreso tras una derrota electoral es algo necesario, da oportunidad de renovar a personas, depurar responsabilidades y ayuda a entender las causas de la derrota, pero puede servir para otros fines memos obvios, el afianzamiento de una casta de poder que aprovecha la derrota como excusa para legitimarse. Al PP de Rajoy, le ocurrió –a su pesar- durante la primera legislatura de JLRZ algo infrecuente, y que coloca a un partido político en una encrucijada de incertidumbre donde todo es posible: convertirse en un partido transversal, en una verdadera “oposición”. Muchos españoles vieron en el PP, no el partido que defendía sus opiniones políticas, sino el instrumento merced al cual descabalgar al partido gobernante del poder, así, al PP de esta primera legislatura de Zapatero lo apoyó su caladero natural de votos (conservadores y determinado segmento liberal) al que se fue sumando un amplio espectro de población de filiación diversa: liberales atípicos, desengañados de la política, abstencionistas militantes, e incluso socialistas desencantados; todos ellos con un doble objetivo común, desalojar al PSOE (ZP) del poder y la defensa de Nación (al menos en los términos que fija la Constitución del 78). Semejante situación supone para un partido un arma de doble filo, puede permitirle auparle al poder, pero también consigue que las estructuras funcionariales que controlan el partido pierdan preponderancia en favor de toda esa amalgama de sensibilidades que deciden elegir a ese partido como vehículo o plataforma. Perdidas las elecciones, llega el momento de los hombres grises de partido.

El PP perdió las elecciones, es difícil decir cuándo y de qué manera, pero los resultados están ahí, no consiguió los apoyos suficientes. La derrota es sin duda la mejor excusa para que los hombres (y mujeres) grises, esos fontaneros y profesionales de la política partidaria, se den prisa por recuperar de nuevo el protagonismo perdido, les va en ello sus prebendas, y saben perfectamente que tienen que maniobrar con rapidez antes de que la ocasión pase, es decir, antes de que se vuelva a arremolinar en torno al partido esa amalgama diversa de votantes. Puede parecer una contradicción pero dentro de lo que es la lógica de un partido político no lo es, ya que la dinámica del mismo es acaparar cotas de poder o afianzar las ya existentes para sus miembros. Es una maniobra que contará con el apoyo tácito o explícito del partido en el Gobierno (PSOE) ya que la auténtica amenaza para éste es la consolidación de esa transversalidad, que por otra parte implica (para el PP) la pérdida de influencia del denominado “aparato del partido”, una conjunción de intereses que no por obvia resulta menos necesaria.

A muchos ha sorprendido la rapidez con la que se ha llevado a cabo este cambio, o mutación de discurso, por decirlo de laguna forma, pero es que justamente cuanto más brusco sea el giro más posibilidades de éxito ofrece. La consigna es soltar lastre, deshacerse de la mayor parte de la chusma heterogénea, peligrosamente con ideas propias y no enteramente fiel, y quedarse, en una especie de maniobra de centrifugación, con el núcleo duro de votantes que seguirán votando al partido de forma robotizada haga lo que haga y se presente quien se presente, y si eso no permite llegar al Gobierno, vegetar en una cómoda oposición al estilo Fraga. La operación no sólo conlleva un cambio de discurso, o el empleo de unas “nuevas formas”, sino la defenestración o desalojo “tranquilo” de todo aquel que recuerde o simbolice la etapa anterior, cambio de caras que no afectará a los hombres grises (nunca se les ve, por eso son grises), y quizá al líder, pero del líder, Rajoy, hablaré en otro capítulo. Se trata de podar al partido de aquellas caras que significaron un banderín de enganche para todos aquellos que, no siendo simpatizantes o militantes del mismo, vieron en ellas un ejemplo para apoyar unas siglas aun no estando de acuerdo con todo su ideal político, el ejemplo de hoy mismo, María San Gil, es obvio. Puede haber un peligro sin embargo, y es que si la brusquedad del cambio supera cierto umbral puede incluso afectar o desgajar al propio núcleo duro, haciendo de éste un montón de fragmentos más o menos homogéneos que buscaran colocación donde puedan, el ejemplo de la UCD es paradigmático.

Syldavia está gobernada desde hace años por uno de los abanderados de este golpe de timón, (o habría que decir oportunidad de pescar en río revuelto), me refiero al Presidente del Gobierno de Syldavia Francisco Camps, un extraordinario hombre gris. No es extraño, el Presidente syldavo Camps, ha conseguido en pocos años hacer de la sucursal local del PP lo que sin duda conseguirán a nivel nacional sus compañeros fontaneros de partido, si alguna vez dejó de serlo, una intrincada red clientelar de grisura y mediocridad que maneje con soltura cargos, nombramientos y prebendas y que aglutine a su alrededor un –sobre todo- homogéneo cupo de votantes que aseguren cómodos sueldos.

El sol luce en Klow después de varios días de lluvia, todo vuelve a la normalidad, los días vuelven a ser cálidos y las noches efervescentes (demasiado efervescentes), la situación me recuerda a la pagana y lujuriosa Roma de Nerón poco antes del incendio, pero qué le vamos a hacer, así son (somos) los syldavos.

Próximo capítulo: Rajoy, el panglossiano.

Informó Pirx desde Klow, Syldavia.

lunes 21 de abril de 2008

"... is das sofort" (o el valor de lo impredecible) (1)

A pesar de todo fue inesperado, sin embrago hoy legiones de historiadores esgrimen aquellas causas que lo hicieron inevitable. A menudo contar el pasado se reduce a armar un relato, y es lo que voy a narrar.

Nueve de Noviembre de 1989, jueves. Entre las 18.30 y las 19 horas Günter Schawosbki, secretario de Agitación y Propaganda del Partido Socialista Unificado de la Alemania Oriental (SED), algo así como Portavoz del Gobierno da cuenta en una rutinaria rueda de prensa de las deliberaciones que ese mismo día acaba de adoptar el Politburó presidido desde el dieciocho de Octubre pasado por Egon Krenz. Por primera vez en mucho tiempo una rueda de prensa semejante suscita el interés de los medios occidentales.

Desde que en Agosto de ese mismo año el Gobierno reformista de Hungría decidiera abrir sus fronteras a Occidente, miles de alemanes orientales escapan a Austria a través de la frontera húngara, del goteo inicial se ha pasado a la pequeña avalancha actual, la situación ha provocado que se produjeran aglomeraciones frente a la embajada húngara y lo más temido por el régimen, manifestaciones en las principales ciudades del país Berlin, Leipzig, Dresde… El Gobierno de Erich Honecker planea reprimirlas violentamente ante el riesgo de perder el control de la situación, meses antes, en Junio, se había producido la masacre de la plaza Tiananmen en China. Las protestas se intensifican, ya no se pide viajar con libertad ni visados; se empiezan a exigir reformas políticas.

En Octubre llega a Berlin Este Mijaíl Gorbachov, invitado por las autoridades de la RDA para conmemorar el cuadragésimo aniversario de la fundación de la misma, mientras el líder soviético y las autoridades germano-orientales cantan la Internacional y presencian los desfiles militares, en Leipzig se suceden las protestas espontaneas que la policía no se atreve a reprimir: la gente corea el nombre de Gorbachov y perestroika, los manifestantes piden abiertamente cambios políticos. En uno de los discursos Gorbachov dice dirigiéndose a Honecker: “quien llega tarde es castigado por la vida”. En privado el mensaje no puede ser más claro, Moscú, o al menos Gorbachov, no apoyará en ningún caso una represión violenta de las protestas, como en China, y recomienda a las autoridades alemanas iniciar un programa de reformas que alivie la situación de alguna manera. Honecker sabe que abrir un proceso de reformas implica en primer lugar reformarle a él mismo, así que no se da por aludido, pero sus opositores en el seno del SED sí, y saben que es su ocasión. En una tormentosa reunión del Comité Central se desestima el recurso a la violencia para terminar con las protestas, Honecker dimite de todos su cargos el dieciocho de Octubre. Es sustituido inmediatamente por Egon Krenz, un gris burócrata miembro de la cúpula dirigente y del que apenas se conoce nada, salvo su foto.

Las formas de Krenz son algo distintas: promesas, voluntad de diálogo… pero nada se concreta, y la situación en la frontera húngara continúa siendo la misma; por supuesto no se habla de reformas políticas. En un viaje relámpago de Krenz a Moscú tras ser investido como nuevo líder de la RDA, anuncia la voluntad de acometer algún tipo de reformas y solucionar el problema de los que escapan por la frontera húngara, aunque tranquiliza asegurando que en cualquier caso la frontera de Berlín permanecerá inalterable, y desde luego la RDA continuará siendo socio privilegiado de las URSS. El Gobierno de Krenz planea una apertura controlada de las fronteras que al menos logre controlar la sangría de gente que escapa hacía la RFA vía frontera húngara y Austria. En una reunión del Politburó, el nueve de noviembre se acuerda la promulgación de un decreto en el que se concretan de manera vaga la anulación de las restricciones de viajes y concesión de visados que mantenía a la población de la RDA encerrada dentro de sus propias fronteras. Günter Schawobski es miembro del Politburó pero no asiste a esa reunión, le comunican de palabra el contenido de la resolución al tiempo que le entregan un documento mecanografiado con apresuramiento en el que se detallan los términos del decreto. Se convoca una rueda de prensa que será emitida por televisión y radiada. Nadie sabe nada.

Aquel jueves de Noviembre, Schawosbki explica en la abarrotada sala las resoluciones del Politburó. Nada ocurre, es efectivamente una rueda de prensa rutinaria, pero evidentemente no puede rehuir el tema, un periodista italiano le pregunta por la cuestión, se guarda para el final la sorpresa: el Politburó ha aprobado (Schawobski lee distraídamente con las gafas puestas el papel que le han entregado) un decreto que permitiría a los ciudadanos de la República Democrática Alemana viajar sin restricciones al extranjero. Hay un ligero revuelo pero todavía hay cautela entre los periodistas. Schawobski lee el documento, los periodistas empiezan a interrumpirle y a preguntarle si será necesario el pasaporte, Schawobski no lo sabe, así que sigue leyendo los farragosos párrafos mecanografiados. Alguien pregunta cuando se hará efectivo dicho decreto, Schawobski intenta descubrir en el texto del decreto la fecha, no la encuentra, en realidad estaba programado para el día siguiente, cuando la guardia de fronteras estuviera convenientemente informada, y efectivamente permitiría viajar sin restricciones, aunque no sin burocracia y permisos, términos importantes en la retórica del un régimen comunista. Schawobski duda, no encuentra el dato preciso, le han comunicado que era algo inmediato, así que dice:

-Pues si no me han comunicado mal… tengo entendido que será… inmediatamente (“is das sofort”) –y mira por encima de sus gafas a los presentes como si no pasara nada.

Ahora sí que hay algo de revuelo, se oyen rumores, las preguntas se tropellan, se oye a alguien preguntado por Berlin Oeste y Schawobki lee los párrafos del texto de forma apresurada intentando responder. Hay gente que empieza a abandonar la sala con la intención de buscar algún teléfono, otros miran la hora de su reloj, son las siete menos cinco. Un periodista se levanta, apenas se le oye entre el jaleo, le pregunta en alemán si eso implica la frontera de Berlín, es decir el Muro, hasta ese momento nadie había pronunciado esa palabra. El decreto se refiere a los puestos fronterizos con la RFA, Schawobski se quita las gafas y responde de forma algo farragosa, vuelve a hablar de los puestos fronterizos, pero no logra aclarar nada, hay voces en la sala.

-... la cuestión del Muro… Humm… hay que tener en consideración todos los factores… El decreto, repito, afecta a todos los puestos fronterizos con la República Federal…

Schawobski da por concluida la rueda de prensa y se marcha sin saber lo que han puesto en marcha sus palabras. La noticia estalla. Los teletipos de todo el mundo escupen la noticia: el Gobierno de la RDA ha decidido abrir las fronteras del Muro de Berlín de manera inmediata. Noticia Bomba.

Como es natural en Berlín se produce una auténtica conmoción, todo el mundo ha podido ver a Schawobski en la rueda de prensa y el rumor se extiende como un reguero de pólvora: el Muro está abierto.

El video que sigue a continuación es la grabación de esos minutos finales de la rueda de prensa, está integramente en alemán, no he podido encontrar otro. Son poco más de cuatro minutos, pero resulta interesante incluso si no se sabe palabra de alemán, como es mi caso (el revuelo, los periodistas que salen para encontrar un teléfono...). De todas formas si a alguien le interesa, se puede encontrar una transcripción en inglés de esos minutos en formato pdf en esta dirección


miércoles 16 de abril de 2008

La ceguera de Borges


“Y ya todo está. Los miles de reflejos

Que entre los dos crepúsculos del día

Tu rostro fue dejando en los espejos

Y los que irá dejando todavía.”

Jorge Luis Borges. Everness.

El Espía que Surgió del Frío


"What the hell do you think spies are? Moral philosophers measuring everything they do against the word of God or Karl Marx? They're not! They're just a bunch of seedy, squalid bastards like me: drunkards, queers, hen-pecked husbands, civil servants playing cowboys and Indians to brighten their rotten little lives. Do you think they sit like monks in a cell, balancing right against wrong?"

Alec Leamas, The Spy Who Came in from the Cold

Sentados en el coche, parados en una calle oscura, mientras esperan la señal que les permitirá saltar el Muro y volver a Berlin Oeste, Alec (Richard Burton) le explica a la ingenua Nun (Claire Bloom) el papel de peones necesarios que les ha tocado jugar a los dos en una comedia que puede costarles la vida. No hay reglas, porque no hay moral, tampoco hay buenos ni malos, y Alec le explica a Nun que tipo de gente son los espías: “¿Qué demonios crees que son? ¿Filósofos morales que miden todo aquello que hacen de acuerdo a Dios o Marx? No. Sólo son un hatajo asqueroso de hijos de puta, como yo. Bebedores, maricones, cobardes que pegan a sus mujeres, lameculos que juegan a indios y vaqueros para dar lustre a sus putrefactas vidas. ¿Crees que se sientan como monjes en su celdas sopesando el bien y el mal?”

Es sin duda un de las mejores novelas de John Le Carré (del Le Carré de los buenos tiempos, antes de que la caída del Muro le hiciera escribir cosas bastante lamentables), y una de las más desoladoras películas del género de espías, y por ello bastante próxima a la realidad. Nada de apuestos agentes que disparan igual de bien que sujetan una copa de Martini, no, la Guerra Fría en su justa medida: traiciones, humillaciones, sórdidos manejos, y tipos grises y obedientes que creen hacer un papel importante cuando lo único que hacen es jugar a ser peones.

El comienzo de la película ya lo dice todo: Alec Leamas es el jefe del espionaje británico en la Alemania del Este, está esperando en Check-Point Charlie (los espías siempre esperan, a menudo no hacen más que eso, esperar), es un hombre acabado, quemado, pasa ya de la cincuentena, y toda su red de espías en la Alemania Oriental acaba de ser desmantelada, sólo le queda un hombre, le está esperando, quizá cruce esa noche el Muro, no puede hacer nada por él, salvo esperar. Sabe que su vida a partir de ahora es carne de burocracia, ocupar algún puesto en un despacho en Londres, no tiene mujer ni hijos ni nada que se le parezca, en definitiva, toda un vida tirada a la papelera, le espera el alcohol y una lenta y segura caída que hará de él un solitario borracho, viejo y con una pequeña pensión, y quizá, cuando esté sobrio, se reúna a veces con viejos camaradas. Sin embargo a Alec le ofrecen un nuevo trabajo, una oportunidad de vénganse del hombre que ha causado su ruina (porque él todavía cree que hay amigos y enemigos), Mundt, el Jefe del Contraespionaje de la Alemania Oriental. Es un trabajo arriesgado, pero Alec lo sabrá hacer bien: tiene que hacerse pasar por un traidor. En realidad no le cuesta nada, se trata de representar lo que la vida tenía previsto para él. Para todo el mundo, salvo para “Control”, será un tipo acabado que va haciendo tareas cada vez más subsidiarias, cayendo poco a poco en el pozo del alcohol y el resentimiento, alejado de la acción, solo, dejado de lado y olvidado por sus propios compañeros, alguien prescindible, como todo espía que ya ha cumplido su cometido; será despedido y echado a patadas. Es fácil, Alec apenas tiene que simular nada, es la presa ideal para que vuelque sus frustraciones en una traición, sólo tiene que representar bien su papel y ellos vendrán a por él, y entonces será su momento, se dejará querer, hará el papel del ex-espía resentido, y llegado el momento hablará. Contará una versión cuidadosamente estudiada que logre que los subalternos de Mundt, que desean ocupar su puesto, se abalancen sobre su jefe acusándole de traición. Será su último trabajo.

Pero todo parece complicarse. Aparece por medio una chica, Nun, trabaja en la biblioteca donde ha ido a parar Alec después de dar tumbos por varios trabajos. Nun es joven, idealista, militante de un pequeño partido comunista; vive sola, en un modesto apartamento, con su sórdida y pequeña vida coloreada con grandes palabras huecas e ideales de justicia por los oprimidos. Parece como si estuvieran predestinados, el descreído Alec y la ingenua Nun, dos personas solas que logran llenar sus miserables vidas como pueden, él con el alcohol y el resentimiento, ella con futuros ilusorios y falsos. Por otra parte el plan inicial se tuerce, no estaba previsto que Alec abandone Occidente, toda su representación se tendría que desarrollar en territorio amigo, y ellos, los del otro lado, quieren que vaya a la boca del lobo, a Berlín Este. Pero Alec no puede hacer nada, está inmerso en un engranaje imparable y ya no puede echarse atrás.

Alec no sabe que es tan sólo un peón, que todo lo que ha hecho era una representación dentro de otra representación que no conocía, un eslabón de una cadena que no maneja él; y como él, también Nun, otro peón prescindible. La tragicomedia exige que ambos representen su papel de tontos útiles en el frío, en escenarios donde no hay espectadores ni aplausos, solo tipos grises que juegan a indios y vaqueros. Pero Alec y Nun logran hacerlo, hacen bien su papel sin saber si quiera cual es el guión, de eso se trata. Tendrán su premio: si tienen suerte podrán cruzar de nuevo el Muro esa noche, volverán del frío, a sus vidas ahítas… como antes. Y Alec Leamas se da cuenta de no hay reglas, ni amigos ni enemigos, ni buenos ni malos; todo es un juego idiota al que juegan tipos idiotas, como él. Y allí, en el coche, a oscuras esperando la señal convenida, se lo dice a Nun, que no entiende nada.

No desvelaré cuál es la verdadera trama, sería imperdonable. La película, o la novela, son totalmente recomendables, alejadas de los estereotipos del género, y con un Richard Burton impresionante que sostiene él solo toda la película con monólogos de una brillantez difícil de igualar. No hay escenas de acción, ni persecuciones, ni tipos apuestos ni chicas de infarto; sólo una triste melodía al piano, que acompaña a unas imágenes en blanco y negro donde hay hombres gastados y con gabardina que esperan en Check-Point Charlie, mujeres de mirada triste que trabajan en bibliotecas desiertas, y un frío helador del que poca gente regresa.

La Guerra Fría fue eso. La ganó la gente normal que decidió no tener miedo y salir a la calle. Y que se dio cuenta de que nadie, salvo ellos mismos, lograría sacarles del frío.


lunes 14 de abril de 2008

Crónica desde el Maelström


Hablaba hace poco de incertidumbres, de sucesos no previstos que trastocan pronósticos o previsiones… o los aceleran. Sólo a medida que la claridad se va abriendo, uno es capaz de discernir el estado de las cosas. Antes de las elecciones no sabía qué podía ocurrir, únicamente tenía la seguridad de que hacía tiempo -¿cuánto?- se había traspasado alguna línea imaginaria de no retorno. Tenía curiosidad por saber qué acababa pasando, a qué punto arribaríamos a través de los zigzagueos del tiempo, como no creo en los destinos inexorables no lograba encontrar respuesta. Sabía sin embargo a dónde querían llegar los actuales dirigentes político-mediáticos de ese binomio incompatible PSOE-PSC, más de un mes después de las elecciones generales sé al menos hacia dónde apunta la proa del buque, un buque, por lo demás, fantasma, cuyos moradores son sombras pesarosas que vagan por la cubierta, inconscientes pasajeros que ríen y beben cómplices de aquellos que lo gobiernan, e impertinentes personajes, que como yo, se resisten a abandonar el barco, aunque sólo sea por curiosidad y levantar acta, quizá algún día señalen a los culpables de una catástrofe que se entrevé. Ahí está, frente a la proa, negro y amenazador como cuentan los viejos marinos, haciendo un ruido terrorífico entorno a ese ojo ciclónico e hipnótico, y acercándose velozmente gracias al viento que sopla fuerte de popa y que hincha las gastadas velas. Es el Maelström. Una vez allí, nadie sabe lo que puede ocurrir.

El Maelström es el terrible remolino que se forma frente a las islas Lofoten, en la costa de Noruega. Cuentan, que en su interior se abre un abismo que penetra en las mismas profundidades del globo y que nadie sabe dónde tiene su fin. Quizá sea una leyenda exagerada, pero lo cierto es que las pocas personas que han logrado acercarse a él fueron testigos de sucesos inexplicables, sucesos inauditos que nadie ha logrado comprobar, y mucho menos prever. Dos acontecimientos han venido a disipar la niebla que nos velaba el lugar hacia el que nos dirigimos.

El primero de ellos ha sido la composición definitiva del nuevo Gobierno socialista. Su significado y cometido no puede ser más claro (o más faústico), sus miembros más destacados no son sino eficaces técnicos desinstaladores que se encargarán con aptitud y solvencia de desmontar y liquidar el actual sistema político, lo harán eficazmente, quizá con buenas maneras y sin estridencias, pero sin duda de forma implacable. Los puestos en los Ministerios de Estado así lo avalan: Interior, Justicia, Defensa, dirigidos por una dirección política que, si de algo no se le puede acusar, es de no tener las ideas claras; dirección política extraña, oscilando entre Madrid y las periferias. Asistiremos quizá a un caso singular en Europa, el desmantelamiento de un Estrado por un Gobierno. Interesantes y muy significativos, estos tres nombramientos: Un Rubalcaba declinante y crepuscular al que ya no le queda otra línea de repliegue, tras la “tregua”, que obedecer los dictámenes de su Presidente, cuentan que el propio JLRZ tuvo que insistir para que Rubalcaba siguiera en el cargo, no me cabe la menor duda; un fiel, y prescindible, Bermejo que se encargará con eficacia de liquidar lo poco que pueda quedar de independencia del Poder Judicial, el Grial de cualquier Gobierno (repito, de cualquiera); y el nombramiento más enigmático e impredecible de todos, Carmen Chacón en Defensa. En un principio, la reacción ante este último nombramiento, para el observador no embotado ni cegado, suele ser la de sorpresa por la apuesta de JLRZ, y no por la inexperiencia de la, ya hoy, Ministra, sino por la amplitud de su significado. Colocar al frente del órgano encargado de defender la unidad nacional a alguien que ha proclamado la entidad de la Nación Catalana, en detrimento de la Española (y que nadie me tache de reaccionario, es una cuestión puramente lógica, si hay una Nación Española no puede haber otras coexistentes), y que se ha declarado públicamente “ecopacifista”; puede ser, o bien un sinsentido o algo mucho peor, la declarada intención de colocar a alguien capaz de desmantelar a quien por Ley le corresponde la tarea de velar por la integridad nacional, tanto de amenazas internas como externas (léase Marruecos). Digo que en un primer momento la reacción puede ser esta, pero rumiando tan sorprendente nombramiento se me ocurren quizá intenciones más aviesas y borgianas (de Borgia, claro). Me pregunto de quién fue la idea del nombramiento, de JLRZ o del PSC; porque no se me escapa que para el protoindependentista PSC, que ha logrado acaparar parte del voto de ERC, el citado nombramiento casi resulta un dardo envenado o una broma de mal gusto.

Supongamos (supongámoslo sólo por un momento) que para el Think Tank que se arremolina en torno a JLRZ se haya hecho patente el hecho de que por ahora no se puede ganar unas elecciones sin contar con el voto (canalizado a través del PSC) del soberanismo o independentismo de izquierdas más o menos radical; al mismo tiempo supongamos que para estas cabezas pensantes, la vieja idea felipista de convertir al PSOE en un PRI ibérico, sigue siendo el ideal político, por tanto el PSOE necesita al PSC tanto como lo desprecia. Si de momento no puede apropiarse de la totalidad del pastel del Estado lo hará por partes, en espera de un nuevo y amistoso virrey tipo Pujol, tendrá que engatusar y congraciarse con el díscolo PSC a la par que le asestará alguna puñalada para que no se descontrole. ¿Qué pensará el confundido votante del PSC cuando vea a la Ministra Chacón saludar a la bandera en algún día señalado? Desde luego es jugar con fuego, JLRZ ya lo ha hecho anteriormente (proceso de negociación) y ha salido indemne quemándose, así que por qué no quemarse otra vez, igual hasta funciona. Un juego peligroso e impredecible que nadie sabe a día de hoy las consecuencias que puede tener.

Otro nombramiento destacable ha sido el del Ministro antiSolbes, Sebastián. Curiosa forma de asegurar fidelidades y silencios en los prolegómenos de una crisis económica, ambos Ministros se vigilarán mutuamente guardándose las espaldas y callando lo que haya que callar. Sebastián es joven, dinámico y rápido (eso cree él), pero yo apuesto por alguna conjura florentina del lento y brumoso Solbes que sin duda acabará con el resucitado Sebastián.

Dejo para el final el último de los sucesos que ha hecho que emplee la tremenda metáfora del Maelström, la actitud del PP. El PP ha sido mi desagradable compañero de viaje durante estos cuatro años (le voté dos veces), a día de hoy he de decir que ya no lo es. En realidad era una decisión que tenía tomada antes de las elecciones, le votaría por segunda y última vez, los sucesos de las últimas semanas no han hecho sino afirmarme en mi postura. El PP (todo el PP, y no solo Rajoy) ha decidido ocupar el cómodo puesto de figurante en la peligrosa escenografía que ha diseñado JLRZ, esa medianía que sin embargo sabe su oficio de maniobrero político. En el fondo no se lo reprocho, siempre supe que el PP acabaría haciendo algo así, incluso les entiendo, para el profesional de la política, para el fiel hombre de partido es siempre muy difícil sobrevivir al frío, a la intemperie del cargo público. Ellos se han servido de mi voto para engordar su cesta y yo he intentado servirme de ellos para terminar con un Gobierno, estamos en paz, ninguno de los dos creyó en el otro: ni ellos en mí (no vieron sino un voto más), ni yo en ellos (un instrumento posible para desalojar un Gobierno). Terminado el contrato los caminos se separan. Dudo que algún día vuelva a votar, mi estimada Rosa tiene aún mucho que demostrar. Puede que el silencio sea tanto una manera de quedar bien, como el resumen del rencor que pueda tener, que en el fondo no es mucho. Punto final.

Así pues nos dirigimos sin remisión hacia un torbellino de incógnitas e incertidumbres, un negro vórtice lleno de enigmas que algunos necios creen entender, pero los buenos marinos saben que no hay que tentar la suerte. Cualquier cosa puede pasar… incluso lo peor.

Coda:

Hacia 1635 Rembrandt pintó uno de los mejores cuadros que se han hecho jamás: El Festín de Baltasar. En él se narra la historia del Rey Baltasar de Babilonia, quien en un banquete al brindar despreocupadamente por los dioses paganos abatió sobre él la ira divina. Una mano escribió sobre la pared unas palabras en hebreo que sólo pudieron ser descifradas por el profeta Daniel: “Mené, Teqel, Faras”, tu reino ha sido contado, pesado y vendido. Poco después los asirios arrasaron el reino de Babilonia y al propio Baltasar.


Y quien quiera entender que entienda.


Valencia, 14 de abril de 2008.

viernes 11 de abril de 2008

Paranoid


Así que dicen que estás loca, que eres alguien complicada… y manipuladora. Me lo dicen todos y yo me lo creo. Me advierten, me dicen que tenga cuidado, que ande con ojo… tú te ríes y me dices algo al oído que no logro comprender.

Me dices que eres una paranoica, que sepa dónde me meto, que no me va a gustar, que no sabes lo que puede pasar… ya sabes, todas esas cosas, y yo me lo creo. Te digo algo al oído y tú te ríes.

Y a mí ya me da igual, porque el paranoico soy yo.

I Think I'm Paranoid

You can look, but you can't touch

I don't think I like you much

Heaven knows what a girl can do

Heaven knows what you've got to prove

Garbage. I think I’m paranoid (1998)